La tensión en el golfo Pérsico ha aumentado este sábado después de que las Fuerzas Armadas de Irán advirtieran de que no permitirán el regreso de buques militares de Estados Unidos, que a su vez refuerza su presencia naval en la región.
Tensión en el golfo Pérsico: Irán veta a los buques de guerra de EE. UU.
El jefe del Estado Mayor iraní, el general de división Alí Abdolahi, aseguró en un comunicado difundido por la agencia Tasnim que Irán no permitirá «bajo ninguna circunstancia» que los buques militares de Estados Unidos vuelvan a entrar en el golfo Pérsico. Abdolahi sostuvo que el presidente estadounidense, Donald Trump, «solo podrá soñar» con ese regreso.
El militar afirmó además que Teherán pretende implicar cada vez más a Estados Unidos e Israel en el conflicto a medida que este se prolongue, y cuestionó las afirmaciones de Trump de que las instalaciones nucleares iraníes han sido destruidas. A finales de septiembre, la Guardia Revolucionaria ya había asegurado que los buques estadounidenses se habían alejado al menos 500 kilómetros de la entrada del estrecho de Ormuz y del golfo Pérsico.
Qué ocurre en el estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz es el paso marítimo que comunica el golfo Pérsico con el mar Arábigo y por el que circula una parte esencial del comercio mundial de petróleo. Irán lo bloquea desde el inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero, mientras que Estados Unidos mantiene un cerco naval sobre los puertos iraníes.
Washington sostiene que ha restablecido el tránsito de buques y que el comercio de petróleo en la región se acerca a los niveles previos al conflicto. La Guardia Revolucionaria iraní, por su parte, ha advertido de que podría atacar bases estadounidenses si Estados Unidos sigue asistiendo a los barcos que cruzan el estrecho.
El portaaviones USS Abraham Lincoln, que permaneció 321 días desplegado en Oriente Medio, regresó a San Diego a principios de octubre tras una misión marcada por las prórrogas sucesivas de su despliegue.
Refuerzo militar y amenazas en el golfo Pérsico
Estados Unidos envía el portaaviones USS Theodore Roosevelt, que se sumará al USS George H. W. Bush y al USS George Washington, ya presentes en la región. Trump ha dejado abierta la posibilidad de una nueva operación militar contra Irán, a la que se refirió como «otra pequeña Epic Fury», en alusión a la campaña anterior, sin precisar plazos ni condiciones.
Desde Teherán, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaei, advirtió el viernes de que, si estalla de nuevo la guerra, Irán ampliaría sus objetivos más allá de las instalaciones militares. Entre ellos mencionó las infraestructuras petroleras, los cables submarinos y los centros de datos y sistemas de inteligencia artificial vinculados a Washington en el golfo Pérsico.
Las autoridades iraníes tienen planes para atacar los cables de comunicaciones submarinos del Golfo en caso de una nueva ofensiva, según responsables de seguridad del país. El subjefe político de la Guardia Revolucionaria, Yadollah Javani, citó siete cables de gran capacidad que discurren bajo el estrecho de Ormuz.
Embajadas, diplomacia y calendario político
El Departamento de Estado de Estados Unidos ha comunicado esta semana una reducción de personal en las embajadas de Jordania, Líbano, Catar y Emiratos Árabes Unidos. Las sedes seguirán abiertas y el personal no tiene que abandonar esos países. Un memorando interno señala que Irán «ha redoblado sustancialmente sus esfuerzos para atacar a personal de Estados Unidos». Funcionarios estadounidenses han descartado que la medida responda a preparativos de nuevos ataques. El miércoles, Washington ordenó la salida de Arabia Saudí del personal no esencial y de sus familiares.
En paralelo, los mediadores trabajan para reanudar las negociaciones formales entre Washington y Teherán. Irán reclama el levantamiento de las sanciones y la reapertura de Ormuz, mientras que Estados Unidos exige compromisos sobre el programa nuclear iraní.
En Estambul, el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Turquía, Arabia Saudí, Egipto y Pakistán han coincidido en mantener abierta la vía diplomática y en evitar que el conflicto derive en una guerra regional. El ministro turco de Exteriores, Hakan Fidan, afirmó que ninguno de los países participantes considera una nueva intervención militar una solución, y su homólogo francés, Jean-Noël Barrot, dijo que una nueva escalada «no tendría más que perdedores».
Las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre se perfilan como el siguiente hito en un contexto en el que la guerra ha elevado los precios de la energía y ha aumentado la presión política sobre la Casa Blanca. Por ahora, ni Washington ni Teherán han anunciado un calendario concreto para retomar el diálogo ni para una eventual acción militar.
