Milla Digital de Zaragoza: cuando las ciudades apostaron por crear sus propios distritos tecnológicos

La transformación digital no solo ha cambiado la forma en la que trabajan las empresas. También ha influido en la manera en la que las ciudades piensan su desarrollo económico y urbano.

Durante las últimas décadas, distintas ciudades del mundo han tratado de concentrar empresas tecnológicas, profesionales, universidades e infraestructuras en determinadas zonas con un objetivo común: favorecer la innovación.

Zaragoza fue una de ellas.

El proyecto Milla Digital llegó a situar a la ciudad dentro del debate internacional sobre los llamados clusters tecnológicos, una estrategia basada en la idea de que la proximidad entre empresas, profesionales e instituciones puede facilitar la aparición de nuevas oportunidades económicas.

¿Qué es un cluster tecnológico?

La idea parte de una observación relativamente sencilla: aunque Internet permite trabajar prácticamente desde cualquier lugar, la actividad tecnológica tiende a concentrarse geográficamente.

Empresas, trabajadores especializados, universidades, inversores y emprendedores obtienen determinadas ventajas cuando forman parte de un mismo ecosistema.

Esta concentración facilita que circulen conocimientos, profesionales e ideas entre organizaciones diferentes.

El economista Michael Porter desarrolló este concepto en The Competitive Advantage of Nations, publicado en 1990. Su planteamiento sobre los clusters se convirtió posteriormente en una referencia para analizar por qué determinadas regiones consiguen desarrollar industrias especialmente competitivas. Next City utiliza precisamente este marco para analizar los intentos posteriores de distintas ciudades por impulsar deliberadamente polos tecnológicos.

Zaragoza y Milla Digital dentro de esa tendencia

Es en este contexto donde aparece Zaragoza.

Next City describe Milla Digital como un distrito empresarial altamente conectado de la ciudad y lo incluye dentro de una serie de experimentos urbanos que intentaron aplicar el principio de concentración empresarial al sector tecnológico.

La comparación resulta especialmente interesante porque Zaragoza aparece junto a iniciativas desarrolladas en ciudades muy diferentes.

El artículo menciona la concentración de empresas tecnológicas alrededor de la denominada Webward Avenue de Detroit, el proyecto Milla Digital de Zaragoza y Digital Media City de Seúl.

Los tres casos formaban parte de una pregunta mucho más amplia: ¿puede una ciudad crear las condiciones necesarias para que aparezca un ecosistema tecnológico?

¿Por qué concentrar empresas tecnológicas?

La lógica de estos proyectos no consiste simplemente en conseguir que muchas empresas tengan oficinas cerca unas de otras.

El verdadero valor aparece cuando existe interacción.

Un profesional cambia de empresa, dos emprendedores intercambian ideas, una universidad colabora con una compañía o una startup encuentra cerca los conocimientos y recursos que necesita.

Esas relaciones generan lo que podríamos denominar un efecto de red físico.

Next City explica esta idea recurriendo al concepto de “masa crítica”: cuando existe suficiente concentración de actividad, el propio ecosistema puede convertirse en una fuerza de atracción para nuevas empresas, trabajadores e inversión.

Es uno de los motivos por los que determinados sectores terminan concentrándose alrededor de lugares concretos.

De Silicon Valley a los distritos tecnológicos urbanos

Silicon Valley probablemente sea el ejemplo más conocido de concentración tecnológica, pero existe una diferencia importante respecto a proyectos como los analizados por Next City.

Silicon Valley no apareció como consecuencia de un único gran plan urbano diseñado desde cero.

Precisamente una de las cuestiones centrales del artículo es si los gobiernos pueden reproducir deliberadamente las condiciones que permiten que surja un ecosistema tecnológico.

En Nueva York, por ejemplo, la administración de Michael Bloomberg impulsó un nuevo campus tecnológico en Roosevelt Island con el objetivo de aumentar la actividad científica, formar talento y favorecer la creación de nuevas empresas.

La iniciativa terminó dando lugar al proyecto Cornell Tech.

Pero el artículo también recoge voces escépticas sobre la posibilidad de fabricar artificialmente un nuevo Silicon Valley. La historiadora Margaret Pugh O’Mara señala que los grandes ecosistemas tecnológicos son el resultado de múltiples factores y procesos históricos difíciles de reproducir mediante una única intervención pública.

El papel de las universidades, las empresas y el talento

Otro elemento fundamental es la conexión entre universidad y empresa.

El modelo analizado en Nueva York buscaba precisamente reducir la distancia entre investigación académica, formación tecnológica, emprendimiento y actividad empresarial.

No se trataba únicamente de producir más ingenieros.

La intención era conseguir que estudiantes, investigadores, emprendedores, inversores y compañías pudieran formar parte de un mismo ecosistema.

La proximidad física seguía teniendo valor incluso en una economía cada vez más digital.

Es una aparente contradicción: cuanto más sencillo resulta trabajar a distancia, más importantes parecen haberse vuelto algunos de los grandes polos mundiales de innovación.

¿Puede una ciudad fabricar un ecosistema tecnológico?

Más de una década después de aquel debate, la pregunta continúa siendo relevante.

Construir edificios, desplegar conectividad o reservar espacio para empresas tecnológicas puede crear condiciones favorables. Sin embargo, conseguir que aparezcan relaciones empresariales, conocimiento compartido, inversión y talento resulta mucho más complejo.

Los ecosistemas tecnológicos necesitan infraestructura, pero también necesitan personas.

Y necesitan tiempo.

Por eso, probablemente la lección más interesante de aquellos experimentos urbanos no sea determinar qué ciudad consiguió construir su propio Silicon Valley.

La cuestión está en comprender qué condiciones permiten que empresas, universidades, emprendedores y profesionales comiencen a relacionarse hasta formar un verdadero ecosistema de innovación.

Milla Digital, un ejemplo español dentro de un debate internacional

La aparición de Milla Digital en aquel análisis de Next City permite observar el proyecto zaragozano desde una perspectiva diferente.

No era simplemente una iniciativa local.

Formaba parte de una tendencia internacional en la que ciudades de distintos países estaban intentando descubrir cómo integrar la nueva economía tecnológica dentro de su desarrollo urbano.

Detroit experimentaba con la concentración de empresas tecnológicas. Seúl desarrollaba Digital Media City. Nueva York apostaba por Roosevelt Island.

Y Zaragoza aparecía en aquella conversación internacional a través de Milla Digital.

La tecnología ha cambiado enormemente desde entonces, pero la cuestión de fondo continúa abierta: las ciudades siguen compitiendo por atraer empresas, inversión y talento tecnológico, y siguen buscando la fórmula que permita convertir esa concentración en innovación real.